1. Pon el móvil en un sitio que exija una decisión. Dejarlo boca abajo puede ser un primer paso útil, pero sigue estando a un pequeño movimiento de distancia. Ponlo en un bolso, en un bolsillo al que normalmente no accedes, o en una encimera cuando estés en casa. No lo estás haciendo inaccesible. Estás creando una pausa antes de que ocurra el hábito.
2. Crea una pequeña regla para un contexto concreto. "Móviles fuera durante la cena" es más fácil de seguir que "debería estar más presente". Puedes elegir los primeros diez minutos de una charla, un paseo con tu pareja, o la parte de una reunión en la que habla otra persona. Empieza por donde se notaría el cambio.
3. Elimina los detonantes que no necesitas. Si lo que te atrae es que la pantalla se ilumine, desactiva las notificaciones no esenciales, las insignias, los sonidos o las vistas previas de las apps que provocan ese tirón. Nuestra guía para desactivar las notificaciones de apps en el iPhone explica los ajustes.
4. Di cuándo necesitas mirar de verdad. Un rápido "solo estoy viendo si nuestra mesa está lista" es muy distinto de desaparecer en un feed. Nombrar la tarea tranquiliza a la otra persona y te ayuda a quedarte en ella en lugar de irte a otra cosa.
5. Repara el momento con rapidez. Si alguien te dice que pasas demasiado tiempo con el móvil, no lo conviertas en un debate sobre si la última comprobación estaba justificada. Guárdalo, reconócelo, y vuelve: "Tienes razón, me he distraído. ¿Qué me decías?" La reparación es pequeña, pero cambia el rumbo de la conversación.